martes, 30 de agosto de 2016

Golpe de realidad.

Estaba hundida. Estaba perdida, no sabía dónde ni cómo llegar a mi. Estaba perdida en mis propios sueños, entre todas esas cosas que quería hacer y por una cosa u otra no pude. Estaba perdida en recuerdos. Me veía incapaz de seguir, de luchar, no sabía cómo afrontar las situaciones.
Y tuvo que venir alguien a sentarme y decirme "mira chiquita, nada es fácil en esta vida y si lo es no valdrá la pena, no sabrás la satisfacción de la autosuperación" fue ahí cuando aprendí que no importa cuánto cueste sino cuánto sacrificio y esfuerzo le eches. Sé que no todo querer es poder, y que hay veces que hay cosas que no dependen de uno mismo, pero también olvidé que querer sin hacer claramente no va a ser poder, que la suerte puede ayudar pero que no hay nada que valga más que creer en uno mismo y dedicarte en cuerpo y alma a lo que quieres. Que muchas veces necesitas un golpe de realidad, que te diga "pues no, no será fácil y el camino hacia aquello va a ser muy duro, en muchas ocasiones vas a dejar de creer en ti, tampoco te entenderán y posiblemente pienses en dejarlo 3 veces al día, pero cuando lo consigas la satisfacción que vas a conseguir no te la va a quitar nadie" y así es, nos enseñan a soñar, nos enseñan pero nos van matando las ganas de realizarlo poco a poco, el sistema nos hace limitar nuestras capacidades, los valores nos hacen pisar al de al lado para desmotivarlo y esas eso como una ventaja competitiva con respecto a otros. Pero me quedo con esa frase que leí en el cartel de esa habitación hoy "el entrenamiento ha sido muy difícil, pero todas y cada una de esas lágrimas no han sido en vano y me han servido para estar donde estoy hoy" y aquella que dice "si puedes soñarlo, puedes hacerlo" me quedo con eso de que tengo que confiar más en mi, me quedo con que tengo que darle importancia a aquellas cosas que la tienen y que para conseguir estas duras metas que me estoy proponiendo tengo que dedicarme en cuerpo y alma,

jueves, 25 de agosto de 2016

Es difícil seguir. Es difícil mirarte al espejo cuando no ves nada. Es difícil llevar sobre la espalda más peso que el corporal, al igual que es muy jodido cargar el corazón de más decepciones de las que uno está capacitado para afrontar. Es difícil soltar una lágrima, suspirar y decir "he salido de peores, yo puedo", "no necesito a nadie más que a mi misma" o eso de que "lo que no mata hace más fuerte". Es difícil tener una maldita coraza para que no vuelvan a tocarte el alma y sentirte sola porque no concibes la idea de volver a compartirte con nadie más, es difícil ser tan celosa de ti misma y no querer que nadie más conozca esa parte que encanta, que enamora. Es difícil avanzar con miedo y quizás perder trenes por la incertidumbre que te da su destino, es muy difícil intentar mantenerlo todo bajo control, conseguir tener las riendas de ti misma en todo momento. Es difícil mirar atrás y no reconocerte, no saber quién fuiste, ni quién eres y claro está no sabes quién serás.
Digamos que han sido tantas las decepciones, tantas las pruebas que he tenido que superar, que han sido tantas las veces que he tenido que hacer de tripas corazón, o eso de oídos sordos a palabras necias que llega un punto en el que sientes que ya cualquier cosa te puede y que la mejor forma de mantenerte protegida es mantenerte distante de cualquier tipo de emociones, o cualquier paso que te haga avanzar y conocer nuevas cosas, nuevas personas, otras emociones, pero claro, más vale malo conocido que bueno por conocer. Es decir, el miedo a lo nuevo, el miedo a que me vuelvan hacer trizas hace que muchas veces me limite, que me pierda esas pequeñas cosas. 
Maldita zona de confort, bueno más que de confort de conocimiento, porque lo que me estanca es el aferrarme tanto a eso que conozco, a eso que sé de cierta controlar o al menos como salir media entera. Maldito miedo que se apodera de mi que no me deja terminar de ser yo. 

martes, 9 de agosto de 2016

Eres la pieza perfecta...

Pero quizás intentando encajar 

en el puzzle equivocado.

La carta de despedida que jamás leerás.



Otra vez te has marchado.
Otra vez volviste para removerlo todo.
Otra vez no fuiste capaz de luchar por nosotros.
Otra vez me dejaste con la miel en los labios.
Estábamos tan cerca de ser todo aquello que siempre soñamos, o por lo menos aquello que tanto esfuerzo le pusimos un día. Tiramos la toalla. Nada raro en nosotros, somos más de lamentarnos de lo que hemos perdido que de decir "si te quiero, puedo", pero no, nos volvimos a separar. 
Creo que en todas mis despedidas he jurado y perjurado que sería la última vez que escribiría por ti, para ti, que volvería a ese nosotros, que volvería a recaer. Pero he de confesar que siempre serás mi tema favorita, mi canción favorita, mi lugar favorito. 
Aunque no sé por qué está vez siento que no, que no habrá marcha atrás, siento que ese pequeño algo que nos unía en la distancia, que sostenía el poco amor que quedaba se quedo en el aire junto con todas las promesas, con todos los proyectos, junto con todos los momentos. Siento que nos hemos roto tanto que no hay manera de reconstruir los pedazos, que no nos acordamos de cómo era esa forma que nos hacía estar tan agusto. Me está doliendo como nunca antes, pero creo que es porque por primera vez estoy aceptando que te has ido, que me he ido, que el nosotros que habíamos formado se quedó obsoleto. 
Por primera vez he de decido dejar de autoengañarme diciéndome que no te amo, o también he dejado de buscar la forma de recuperarte, he dejado de pensar cuál  será el momento en el que vuelvas. No es que haya dejado de pensar en ti, porque no, es más amor, no hay día que no piense en ti o recuerde esas manías tuyas, sino que he aceptado que ya hicimos todo el esfuerzo necesario o bueno quizás no todo el necesario, pero sí el que cada uno estaba dispuesto a poner después de tantos altibajos.


Acepté que bueno, es verdad que un clavo no saca otro clavo, pero entretiene mi mente. Acepté que jamás te encontraré en otros labios, ni en otros cuerpos. Acepté que no volveré a querer de esta forma tan dolorosa y tan incondicional. Acepté que el primer amor nunca se olvida y que es el único que te marca de esa forma tan tan tan intensa, pero que muy difícilmente llega a ser el amor de tu vida. Acepté que hemos tensado tanto la cuerda que cuando la soltamos para aflojar la puta realidad nos azotó en la cara, haciéndonos ver lo viciado e intoxicado que estaba este amor. Acepté que a pesar de querernos como posiblemente querremos a nadie más, era tan grande este amor que no se puede expresar y que era realmente necesario esta bifurcación de nuestros caminos. Acepté que querer no siempre es poder y que madurar es aprender a decir adiós. Acepté que por muy alto que gritásemos para que el otro entendiera lo que queríamos decir, nunca lo escuchábamos, ya que cada uno miraba por su comodidad y sus intereses. Acepté que dejamos de entendernos y de comprendernos, que llegamos a estorbarnos. Acepté que nuestra felicidad no es juntos y revueltos.
Aunque en lo más profundo de mi me gustaría estar equivocada, me gustaría vernos regresar y bueno... Pero sé que te vas, que te has ido, que el llanto no te detendrá, sé que alguien más tú te esperará y que volverás a dedicarle tus sonrisas y lo mejor de ti, todo aquello que perdiste conmigo. Sé que todo pasará.